lunes, 30 de noviembre de 2009

Sobre el 1 de diciembre.

He defendido, hace unos días, que la situación problemática más representativa para pensar la necesidad de la Educación Sexual es la violencia contra la mujer. Creo que la idea de una patología precisa no debe ser el primer estímulo o ejemplo para la implementación de la educación sexual. Sin embargo, no podemos negar cierta realidad asociada al hecho que el tema SIDA* ha implicado una puesta en evidencia de muchas situaciones relacionadas con la vida sexual y la sexualidad. Así, se puede observar que se han puesto en la agenda pública diferentes temas que nos han convocado a pensar cuestiones como diversidad, como discriminación, como diferencias, como prejuicios, como protección, como derechos, como conductas entre otros. Efectivamente, toda campaña en los medios que ha impulsado la lucha contra la epidemia del VIH ha permitido que se hable sobre estos temas, se ha procurado que se pueda exigir ser escuchado. De cierto modo se ha promovido que se “calle ese silencio” que durante siglos ha acompañado la realidad de la sexualidad –por más, como mostró Foucault, que siempre ha estado en el discurso.

En México, este año, se realizó la Reunión de Ministros de Salud y Educación para Detener el VIH e ITS en Latinoamérica y El Caribe. En el punto 1 de la misma los Ministros y Ministras declaran: “Afirmamos nuestro compromiso con el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, a la educación, a la no discriminación, y al bienestar de las generaciones actuales y futuras”. Agregando, en el punto siguiente, que “La salud y la educación se refuerzan mutuamente, permitiendo el desarrollo integral de las personas”. Sigue la Declaración con la aseveración que “Reconocemos la responsabilidad del Estado para la promoción del desarrollo humano”; a continuación se establece claramente que se busca promocionar, respetar y hacer respetar los Derechos Humanos.

En esta realidad es donde se sitúa la Educación Sexual Integral que la ley promueve. Estamos convencidos, como hemos dicho en otras intervenciones que la Educación Sexual Integral debería reconocer cuatro pilares esenciales en su “construcción” –permítanme la metáfora-: los Derechos Humanos, el desarrollo humano, el enfoque de género y la diversidad. La consolidación de esos cuatros pilares, obviamente reducirá el riesgo de muchas de las patologías que hoy sacuden a nuestra sociedad. Sabemos que, lamentablemente, aún falta tiempo y recursos. También sabemos que esos recursos parecen –siempre- estar detrás de las necesidades que existen. Sin embargo, no se puede negar que se ha trabajado. Esto es algo que debemos remarcar.

Hoy, renuevo la idea central que los objetivos de la ley de Educación Sexual Integral promueven: ya no hay lucha, sino construcción de una sociedad que nos merecemos y que por ahora sólo anhelamos. El tiempo que la decisión política demora el inicio de esta Educación Sexual Integral es mucho más que una carencia circunstancial, es la medida de nuestras limitaciones, el desafío que enfrentan nuestras convicciones y la rebelión frente a quienes creen que con la mano pueden ocultar el sol.

Pensemos en salud, pensemos en educación. Fortalezcamos los Derechos y promovamos la adquisición de habilidades para la vida. Esto, es, sin dudas, más que un slogan, es la piedra angular de una sociedad que se permita el lujo de ser más justa, más solidaria, más libre, más diversa, más integra, más feliz. Una sociedad que desarrolla, indudablemente, promoción de una verdadera salud.

lunes, 30 de noviembre de 2009



* La UNESCO recomienda utilizar la mayúscula porque es una sigla. Ver Documento Recomendaciones de la UNESTO sobre la terminología y la redacción del material relativo al VIH y al SIDA (2008).

No hay comentarios: