miércoles, 21 de julio de 2010

¡Respuesta sexual humana! Bien, pero, ¿Cuál sería la pregunta?



En sexología se habla de respuesta sexual humana como el mecanismo anatómico- fisiológico que se desencadena en una actividad sexual. Así, se describe el acto sexual siguiendo diferentes modelos -en dos fases (modelo de Hellis) en tres fases (Kaplan) en cuatro (Masters & Jonson) en más fases (Basson)-. En ellos se procura mostrar que la actividad sexual sigue un conjunto de fenómenos que se pueden describir, medir, influenciar, diagnosticar y tratar.
Aún reconociendo que son modelos didácticos se los utiliza para procurar ordenar una forma de pensar la clínica, de orientar la pedagogía y de fortalecer los discursos. Porque, por más que no lo queramos decir siempre, un modelo no es aséptico de ideologías en su forma de ser formulado. Siempre está limitado por conocimientos disponibles, por lecturas ideológicas y por intereses varios. Los modelos de respuesta sexual están surcados por esos elementos que se pueden resumir en los tres ejes que delimitan la realidad humana: lo temporal (el momento histórico), lo espacial (el lugar geográfico) y lo vivencial (las experiencias vividas por las personas).
Pero, simplificando a nivel de niño podríamos decir que si tenemos una “respuesta” es porque hay una pregunta a ser respondida. ¿Cuál sería la pregunta que se asocia a esta respuesta?
Tal vez sólo sea de interés clínico la pregunta, pero me parece que puede ser la siguiente: ¿Cómo hace un profesional de la salud para comprender, explicar, medir, patologizar y resolver un fenómeno tan variable, integral e influenciable por tantos factores como es una relación sexual? Pues, simplificando hombre, que en definitiva es lo que hace un modelo. Así, la respuesta sexual encuentra su razón de ser.
La respuesta sexual humana es una visión simplificada que procura explicar un funcionamiento común (es decir que se da en la mayoría de los casos) de una actividad sexual. Como todo modelo, decíamos, sólo es posible mediante la vía de la reducción extrema (sin dudas que luego sobre el modelo plano se pueden agregar elementos para complejizar la explicación inicial, pero eso no es la base del modelo). Sin dudas que el modelo de Basson intenta mostrar la complejidad.
La respuesta sexual en los seres humanos no busca responder la pregunta de los individuos sobre su estado de normalidad (en tanto que conjunto de normas satisfactorias para obtener el placer, el bienestar y la sensación de goce) sino sólo pretende establecer parámetros para poder traducir el fenómeno humano más complejo que existe (la interrelación con el otro en un abanico potencialmente integrador y total) en un mecanismo de intervención clínica, pedagógica y social.
Todavía no hicimos el salto epistemológico para poder adaptar un modelo que realmente represente la integridad del ser humano en una relación sexual. Recordar esto es importante para no caer en la falsa idea que nuestra visión de la relación sexual está acabada. Algo que debemos recordar a los pacientes y, quizás, a muchos de nuestros colegas.
21 de julio de 2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

Alguna cuestión sobre el inconsciente

Hay cosas que responden a la fórmula agustiniana de sé que es pero si me lo preguntan ya no lo sé. Efectivamente tenemos conciencia de muchas cosas mientras no debamos explicarlas. Cosas que nos atraviesan en lo cotidiano y que vamos encontrando, en el mejor de los casos, pruebas por allí y por aquí. Pruebas personales o de otros. Así, ciertas palabras sólo conocemos su definición generalmente por arranques poéticos que por un consistente trabajo de definición teórica. Sin embargo, aún cuando se puede negar eso, seguimos creyendo que existen como tal.
El inconsciente es, sin duda, una de esas palabras. Le demos vuelta por donde se lo de vuelta (inclusive los estudios neurobiológicos complejos) la existencia de esa instancia es, casi una perogrullada para todos. De cierto modo sabemos que es inaprensible en si mismo pero no negamos, en muchos casos, sus efectos concretos sobre la realidad que nos circunda. Existe una masa de datos que se alberga en su interior y que tiene efectos concretos sobre nuestra realidad. Que el pasaje a través de esa membrana es un resultado de una compleja combinación de elementos que están afectados por un factor individual que los hace de difícil aprehensión general. Que, además, aún cuando podemos ver los efectos en muchos casos se mantiene oculto parte de sus efectores por nuestras carencias de métodos de estudio, por la no necesidad del estudio como un elemento que pueda generalizarse para realizar un sistema de comprensión apropiado o, simplemente porque los factores que definen la membrana de paso son tan variados, circunstanciales y poco controlados pues tiene que ver con el cotidiano de niños y niñas.
El psicoanálisis desde su creación creó una suerte de apropiación del inconsciente. Así el proceso de intervención creado por Freud se mostró y fue aceptado como el mecanismo que podía dar cuenta de esa entidad inabarcable que teníamos como seres humanos. A pesar del hecho innegable que Freud no inventó el inconsciente sino que lo puso en relieve e ideó un modelo de intervención sobre el mismo, definiendo hipótesis y alternativas explicativas para el mismo. Pero la verdad, aunque evidente y notable, no siempre es tenida en cuenta: el inconsciente existía desde que el ser humano es humano y eso nos remonta a milenios antes de Freud.
Como suele pasar cuando se asocia a alguien a un concepto los seres humanos se enfrentan a un dilema: ¿apoyar la existencia del inconsciente es apoyar a Freud y lo contrario es también una verdad ineludible? Aunque todos y todas puedan responder taxativamente que no es así, lo cierto que ese mecanismo nos tiene prisioneros, podríamos decir.
El psicoanálisis ha pasado a formar parte de las grandes realidades aceptadas por un grupo de personas. Aceptación que se enfrenta, permanentemente, a grandes detractores. Desde siempre el método freudiano fue cuestionado, menospreciado, negado, atacado y demostrado como charlatanería por ciertos autores. Citemos, a modo de ejemplo, las recientes publicaciones contra el psicoanálisis: Le Livre noir de la psychanalyse, bajo la dirección de Catherine Meyer (2005) o el más reciente de Michel Onfray " crépuscule d'une idole. L'affabulation freudienne (2010).
Sin embargo, aún cuando los textos exhiben pruebas que ellos consideran contundentes las mismas no se refutan, ni se aceptan por el otro grupo, quienes sostienen que el psicoanálisis es categórico en su eficacia, en su método, en su sistema de análisis de esa parte de difícil acceso por otro mecanismo: el inconsciente.
Dos grupos que se mantienen como inexpugnables: quienes están a favor y los que están en contra. En los primeros, algunos pretenden que el mundo entre en razón con respecto al psicoanálisis y que deje de considerarlo algo que tiene una nula seriedad (Ver Mario Bunge, por ejemplo). El otro grupo que lo integran dos subgrupos: el primero que se mantiene en sus treces y sostiene el psicoanálisis como un corpus serio, eficaz y que aún no agotó sus secretos para seguir estudiándolo y, otro grupo , que a partir del psicoanálisis ha encontrado filones de pensamiento y/o de intervenciones terapéuticos que han permitido llegar a nuevas formas de trabajo y de construcción de un saber y, sobre todo, un savoir-faire.
Lo cierto que hoy es importante aceptar de una vez dos verdades ciertas que, tal vez, permitan avizorar un nuevo horizonte: 1] el inconsciente existe como algo indefinido pero que lo vivimos los humanos como una experiencia vital, a veces, positiva y a veces negativa 2] ningún método aparece como eficaz para su estudio y análisis porque no hemos dedicado tiempo y recursos para ello de manera que pueda sociabilizarse cualquier método de manera universal. Frente a ello, como la religión, se seguirá a favor y en contra pero sin resolver mucho más que verdades no aceptadas por el otro grupo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Convivir con alguien

Salvo las situaciones donde hay crímenes –violencia, pedofilia, violación- lo que uno haga sexualmente en su casa –la alcoba ya queda chica para muchas experiencias sexuales- es una decisión personal (o debería serlo). Si existe una buena educación sexual integral esa decisión estará basada –en muchos casos- en lo que la Organización Mundial de la Salud define como comportamiento sexual responsable. Este es “aquel que comprende la autonomia, la reciprocidad, la honestidad, el respeto, el consentimiento, la protección y la búsqueda del placer y del bienestar”.
O sea, que con la salvedad inicial, cada uno debería decidir con quién convivir y qué hacer con esa persona sexualmente (en el resto también, valga la aclaración redundante). Hasta allí vamos bien. Ahora bien, el estado debe, a su vez, ofrecer a sus ciudadanos las mejores condiciones para desarrollarse: esto implica, sin más, garantizar sus derechos al mismo tiempo que ampliarlos permanentemente (la discusión obvia sobre los deberes que a cada uno le corresponden es para otro artículo). Un ejemplo, hasta 1949 la sociedad mantenía el error terrible de impedir que la mujer vote. El estado amplió ese derecho lógico porque era incoherente que esa discriminación se mantenga con un estado que promueva algún tipo de igualdad. Lo que privó para eso es la convicción que no podía existir ninguna interpretación que limite algo que era evidente: los ciudadanos eran iguales y por lo tanto necesitaban tener iguales derechos.
Dos personas deciden convivir juntos porque creen que eso les facilita la vida. Facilitar la vida es algo que no debe ser tomado tan a la ligera. Significa, entre otras cosas, mejoras personales, íntimas, individuales, sociales, económicas, etc. Esto significa que deciden convivir porque están convencidos que ese proyecto les permitirá ser más felices – no siempre aciertan las personas en eso, pero está claro que es el sentido más perseguido a priori. Cada uno decide si esa convivencia será con papeles, con ritos, con lo que fuera. Esta decisión conlleva, obviamente, mayores o menores derechos y obligaciones, tocará más o menos mis convicciones o creencias; simplificará o complicará diferentes cuestiones. Cada cual a decidir. Pero sólo se decide si hay opciones. Eso es claro. El estado debe velar por que las opciones de todos y todas no estén restringidas por las convicciones de unos pocos o pocas (o aún de muchos y de muchas).
Si alguna ley del estado no permite eso de manera amplia, comprendamos de una vez, es necesario cambiarla. No veo en esto mucho margen para aceptar algo que restringa la opción de elegir de los y las ciudadanas en este sentido.

Lunes, 03 de mayo de 2010

jueves, 4 de marzo de 2010

Día Internacional de la mujer y Educación Sexual Integral

El ser humano es sexuado. El ser humano es y está sexualizado. Esta realidad incontestable aún necesita una aclaración elemental: hablar de sexualidad es mucho –muchísimo- más que hablar de genitalidad. Involucra hablar de derechos, de sociedad, de equidad, de no-discriminación, de no-violencia, de oportunidades, de sentimientos, de deseos, de represiones, de integración, por ejemplo. Comprenderlo de una vez significaría que hacemos un avance significativo para el desafío que se nos presenta por la Ley de Educación Sexual Integral.
El día de la mujer es una fecha que va tomando su verdadero sentido: no es celebrar virtudes de una de las partes de la humanidad. No es una fecha de regalos, es decir, no es –¿no debería ser?- una fecha comercial –por más que se haga eso-. El día Internacional de la mujer es una fecha de reivindicación de lo que tendría que ser el fundamento de las sociedades: tenemos derechos por estar en este mundo y es necesario un esfuerzo sistemático, concreto, pertinaz y efectivo para que ellos se cumplan siempre.
Todas (y no pocos) suelen decir que para que las cosas mejoren desde el punto de vista de funcionamiento social es necesario impulsar la educación. Esta es la llave maestra que abre las puertas donde están guardados la semilla del desarrollo social pleno y de la equidad como bien substancial. Pocos dudan que sea la educación esa piedra angular donde se puede construir una sociedad más justa, más proclive a generar felicidad en sus miembros –que exige inclusión, integración y participación-.
Si aceptamos las premisas que hemos puesto en los párrafos anteriores, quizás me acompañen en esta conclusión: El 8 de marzo, día Internacional de la Mujer es un buen momento para reforzar la idea de que la Educación Sexual Integral es el modo concreto, seguro y potencialmente más eficaz para llegar a ese objetivo primordial: obtener una sociedad que haga del bien común una realidad para todos y todas y no un lujo para unos pocos.

jueves, 04 de marzo de 2010

domingo, 20 de diciembre de 2009

Balance de fin de año

Un balance siempre es personal. Podría ser una perogrullada pero en realidad es una de las bases elementales que solemos olvidar. Más en esta sociedad en la que hemos logrado extrapolar gratuitamente experiencias de los demás para juzgar a terceros, negar las diferencias para exigir a los demás lo que sus limitaciones no permiten y negar las riquezas de los demás para no sentirnos inquietos por nuestras carencias.

Nuestro año profesional estuvo signado por esta idea de Implementar la Educación sexual integral. Cada uno y cada una saben las dificultades que han tenido para poder concretar este proyecto. Las realidades en las que hemos transitado en cada uno de los lugares han sido diferentes y la diversidad que nos enriquece la ha marcado de muchas maneras y la ha significado de otras. Pero en esta situación, algo es innegable: hemos avanzado. Hay una certeza en esto. El proceso por el cual esta Educación Sexual Integral se orientó a hacerse una práctica ha iniciado su proceso y, confiamos, de forma irreversible. Esto quiere decir que -más allá de los retrocesos inevitables que puede haber por el caminar- el futuro se plantea, se quiere, se ve como un horizonte que nos obliga a avanzar.

Más allá de nuestras preocupaciones por un año que tendrá sus inconvenientes, sus dificultades, sus crisis; más allá de nuestras propias inquietudes, vicisitudes y benditas crisis. Más allá de todo eso, es un buen momento para celebrar y celebrarnos. Hay una convicción que con todas las diferencias que podemos tener no ha cejado. La educación sexual Integral es más que un proyecto, es una utopía en el sentido que Anatole France la dijo: ella “es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.”



Felicidades por estas fiestas. Que logren descansar y soñar en estas próximas vacaciones. La tarea que viene nos lo exige.

20 de diciembre de 2009

jueves, 10 de diciembre de 2009

Derechos Humanos y Educación Sexual

Día Internacional de los Derechos Humanos. Día clave para pensar la Educación Sexual Integral. Si a esto le agregamos que en Argentina se celebra también el Aniversario de la Recuperación de la Democracia en la Argentina tenemos una fecha verdaderamente ineludible para nuestro Programa. Efectivamente, un día que claramente nos convoca a fortalecer la idea (¿utopía?) de tener una Educación Sexual Integral en todo el territorio de nuestro país como un derecho y como un pasaporte efectivo para el desarrollo humano.
Pensemos con Jean Piaget, quien afirmaba que: “La educación es única, y constituye uno de los factores fundamentales necesarios para la formación intelectual y moral, de tal manera que la escuela carga con una parte nada despreciable de responsabilidad en lo que se refiere al éxito o al fracaso del individuo en la realización de sus propias posibilidades y en su adaptación a la vida social”. Junto con esta aseveración del psicólogo suizo releamos los objetivos de la ley 26150 que defendemos y promovemos. El resultado es incuestionable: al pensar en Educación Sexual Integral estamos pensando en nuestro futuro como país, en la integración de nuestra sociedad, en la ambición de la interculturalidad, en la obtención de la equidad, en la construcción de una sociedad que vele por los temas de interés.
Dos cuestiones nos parecen axiales para que este proceso se pueda concretizar: 1] Aceptar que los DDHH están vigentes y que debemos velar por ellos de forma concreta, permanente y efectiva, en todos los casos necesarios y 2] Comprender que el disenso es parte del material que tenemos y que debemos fomentar. La diversidad necesariamente implica el disenso. Siempre recordando que estas cuestiones están inter-ligadas. Ningún disenso es aceptable cuando afecte algún DDHH.
Creo que para esto debemos ser siempre críticos con este proceso. Críticos que no implica justificar ninguna negligencia, sino en revisar nuestras formas de ver las cosas y quizás así lograr, como diría Foucault, “verlas en perspectiva”.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Sobre el 1 de diciembre.

He defendido, hace unos días, que la situación problemática más representativa para pensar la necesidad de la Educación Sexual es la violencia contra la mujer. Creo que la idea de una patología precisa no debe ser el primer estímulo o ejemplo para la implementación de la educación sexual. Sin embargo, no podemos negar cierta realidad asociada al hecho que el tema SIDA* ha implicado una puesta en evidencia de muchas situaciones relacionadas con la vida sexual y la sexualidad. Así, se puede observar que se han puesto en la agenda pública diferentes temas que nos han convocado a pensar cuestiones como diversidad, como discriminación, como diferencias, como prejuicios, como protección, como derechos, como conductas entre otros. Efectivamente, toda campaña en los medios que ha impulsado la lucha contra la epidemia del VIH ha permitido que se hable sobre estos temas, se ha procurado que se pueda exigir ser escuchado. De cierto modo se ha promovido que se “calle ese silencio” que durante siglos ha acompañado la realidad de la sexualidad –por más, como mostró Foucault, que siempre ha estado en el discurso.

En México, este año, se realizó la Reunión de Ministros de Salud y Educación para Detener el VIH e ITS en Latinoamérica y El Caribe. En el punto 1 de la misma los Ministros y Ministras declaran: “Afirmamos nuestro compromiso con el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, a la educación, a la no discriminación, y al bienestar de las generaciones actuales y futuras”. Agregando, en el punto siguiente, que “La salud y la educación se refuerzan mutuamente, permitiendo el desarrollo integral de las personas”. Sigue la Declaración con la aseveración que “Reconocemos la responsabilidad del Estado para la promoción del desarrollo humano”; a continuación se establece claramente que se busca promocionar, respetar y hacer respetar los Derechos Humanos.

En esta realidad es donde se sitúa la Educación Sexual Integral que la ley promueve. Estamos convencidos, como hemos dicho en otras intervenciones que la Educación Sexual Integral debería reconocer cuatro pilares esenciales en su “construcción” –permítanme la metáfora-: los Derechos Humanos, el desarrollo humano, el enfoque de género y la diversidad. La consolidación de esos cuatros pilares, obviamente reducirá el riesgo de muchas de las patologías que hoy sacuden a nuestra sociedad. Sabemos que, lamentablemente, aún falta tiempo y recursos. También sabemos que esos recursos parecen –siempre- estar detrás de las necesidades que existen. Sin embargo, no se puede negar que se ha trabajado. Esto es algo que debemos remarcar.

Hoy, renuevo la idea central que los objetivos de la ley de Educación Sexual Integral promueven: ya no hay lucha, sino construcción de una sociedad que nos merecemos y que por ahora sólo anhelamos. El tiempo que la decisión política demora el inicio de esta Educación Sexual Integral es mucho más que una carencia circunstancial, es la medida de nuestras limitaciones, el desafío que enfrentan nuestras convicciones y la rebelión frente a quienes creen que con la mano pueden ocultar el sol.

Pensemos en salud, pensemos en educación. Fortalezcamos los Derechos y promovamos la adquisición de habilidades para la vida. Esto, es, sin dudas, más que un slogan, es la piedra angular de una sociedad que se permita el lujo de ser más justa, más solidaria, más libre, más diversa, más integra, más feliz. Una sociedad que desarrolla, indudablemente, promoción de una verdadera salud.

lunes, 30 de noviembre de 2009



* La UNESCO recomienda utilizar la mayúscula porque es una sigla. Ver Documento Recomendaciones de la UNESTO sobre la terminología y la redacción del material relativo al VIH y al SIDA (2008).