miércoles, 5 de mayo de 2010
Convivir con alguien
jueves, 4 de marzo de 2010
Día Internacional de la mujer y Educación Sexual Integral
domingo, 20 de diciembre de 2009
Balance de fin de año
Felicidades por estas fiestas. Que logren descansar y soñar en estas próximas vacaciones. La tarea que viene nos lo exige.
20 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
Derechos Humanos y Educación Sexual
lunes, 30 de noviembre de 2009
Sobre el 1 de diciembre.
He defendido, hace unos días, que la situación problemática más representativa para pensar la necesidad de
En México, este año, se realizó la Reunión de Ministros de Salud y Educación para Detener el VIH e ITS en Latinoamérica y El Caribe. En el punto 1 de la misma los Ministros y Ministras declaran: “Afirmamos nuestro compromiso con el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, a la educación, a la no discriminación, y al bienestar de las generaciones actuales y futuras”. Agregando, en el punto siguiente, que “La salud y la educación se refuerzan mutuamente, permitiendo el desarrollo integral de las personas”. Sigue la Declaración con la aseveración que “Reconocemos la responsabilidad del Estado para la promoción del desarrollo humano”; a continuación se establece claramente que se busca promocionar, respetar y hacer respetar los Derechos Humanos.
En esta realidad es donde se sitúa la Educación Sexual Integral que la ley promueve. Estamos convencidos, como hemos dicho en otras intervenciones que la Educación Sexual Integral debería reconocer cuatro pilares esenciales en su “construcción” –permítanme la metáfora-: los Derechos Humanos, el desarrollo humano, el enfoque de género y la diversidad. La consolidación de esos cuatros pilares, obviamente reducirá el riesgo de muchas de las patologías que hoy sacuden a nuestra sociedad. Sabemos que, lamentablemente, aún falta tiempo y recursos. También sabemos que esos recursos parecen –siempre- estar detrás de las necesidades que existen. Sin embargo, no se puede negar que se ha trabajado. Esto es algo que debemos remarcar.
Hoy, renuevo la idea central que los objetivos de la ley de Educación Sexual Integral promueven: ya no hay lucha, sino construcción de una sociedad que nos merecemos y que por ahora sólo anhelamos. El tiempo que la decisión política demora el inicio de esta Educación Sexual Integral es mucho más que una carencia circunstancial, es la medida de nuestras limitaciones, el desafío que enfrentan nuestras convicciones y la rebelión frente a quienes creen que con la mano pueden ocultar el sol.
Pensemos en salud, pensemos en educación. Fortalezcamos los Derechos y promovamos la adquisición de habilidades para la vida. Esto, es, sin dudas, más que un slogan, es la piedra angular de una sociedad que se permita el lujo de ser más justa, más solidaria, más libre, más diversa, más integra, más feliz. Una sociedad que desarrolla, indudablemente, promoción de una verdadera salud.
lunes, 30 de noviembre de 2009
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martes, 24 de noviembre de 2009
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer
Discutían hace días la creación de un índice de "Felicidad Interna Bruta". Un índice que sería pensado como un indicador integral del desarrollo y de la calidad de vida de los seres humanos. Muchos pensarán que es una quimera un tal índice en los contextos que vivimos en nuestro mundo de índices más pragmáticos, léase capitalistas. Pero nos dejemos llevar por esa idea, supuestamente ingenua pero válida en nuestra mente. Un tal índice, estoy convencido, debería contemplar la integración de dos elementos como axiales: 1] la ausencia de todo tipo de violencia y 2] el desarrollo de una Educación Sexual Integral universal.
Aunque las dos cosas parezcan obvias, digamos algunas cosas al respecto. Lo primero implica el alcanzar un nivel de desarrollo personal que significaría que como conjunto de individuos que convivimos en una sociedad alcanzamos un nivel de sensibilidad hacia el otro, de percepción de la importancia de la diversidad, de respeto para la diferencia y de procesos de resolución de conflictos de modo positivos. Pero, lo cierto que los índices de violencia nos posicionan lejos de esa utopía. Casi a una distancia sideral. En un casi imposible de llegar. Kofi Annan, ex-Secretario General de las Naciones Unidas decía que "La violencia de género es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. Mientras continúe, no podemos afirmar que estemos logrando progresos reales hacia la igualdad, el desarrollo y la paz". La violencia es, obviamente, una de las medidas de nuestra limitación como sociedad.
Lo segundo nos parecerá de una enorme obviedad si comprendemos que la Educación sexual Integral es, tal como es definida por la ley y teniendo en cuenta los objetivos que presenta la misma, una de las ambiciones más determinantes que se pudo precisar en nuestro país como aspiración. Una utopía que nos orienta a caminar hacia esa meta. Defiendo, con esto, una idea central: no existe problemática más concreta, clara y paradigmática de la falta de una educación sexual integral que la violencia contra la mujer. Puesto que esta toma todo el espectro social y todas las dimensiones de las personas. Además porque la verdadera educación sexual integral incluye la necesidad de desarrollar el conjunto de habilidades que nos orientarían a aspirar a acercarnos reducir los altos índices de violencia que aún tenemos, entre otras cosas.
Eliminar la violencia será una quimera. Un objetivo que está más allá de nuestra imaginación. Quizás. Pero pensemos como aquel escritor que alguna vez dijo que “todo lo que un ser humano pueda imaginar otro podrá realizarlo”. Hoy, la imaginación ofrece un camino real que recorrer para acercarnos a la realidad: la Educación Sexual Integral. Empezar es el verdadero pequeño paso que avizora un salto cualitativo para la humanidad.
sábado, 5 de abril de 2008
Un transexual embarazado: la diversidad nos interroga
Lejos estoy de acercar mi reflexión sobre cuestiones médicas específicas porque, en mi caso y en la mayoría salvo la ginecóloga que atiende a la pareja, no tenemos informaciones necesarias para emitir una opinión adecuada sobre el caso puntual. Mi reflexión se orienta a ciertas sensaciones que surgen frente a esta situación que se tornó mediática.
Lo primero que remarcó es que este caso nos confronta directamente con el primer pilar de la sexualidad moderna: la diversidad como realidad palpable. Indudablemente, en los últimos 50 años, la sexualidad ha avanzado, con muchísimas dificultades y variadas controversias, en la manifestación social, cultural y política de la diversidad como una forma concreta de construir una sociedad acorde con la cosmovisión más deseada por todos y todas: la de una sociedad que crezca como tal, se estimule positivamente en la tolerancia y en el respeto y sea capaz de producir mejoras sustanciales en la calidad de vida de sus miembros.
La diversidad sigue siendo lo diferente de uno. La diversidad englobaría el conjunto de actividades, prácticas y comportamientos que los seres humanos realizan, en el caso particular, con su sexualidad y no sólo con su actividad sexual. De aquí, surge la primera pregunta que debemos realizarnos íntimamente: ¿estamos preparados para aceptar la diversidad? O, aún más directa: ¿Cuánto nos cuestiona la diversidad?
El segundo punto que esta situación, insisto, mediática, a puesto en evidencia es la distinción que hay que realizar, en el terreno de la sexualidad, entre lo que está bien (según nuestras normas morales), de lo que es saludable (según la concepción sanitaria deseable socialmente y admitida personalmente) y lo que es de nuestro gusto (según nuestra cultura). Por más que aún creamos que son sinónimos estas tres categorías son diferentes para cada caso. Esto lleva a la segunda pregunta que deberíamos realizarnos: ¿cuan limitados estamos por nuestra percepción personal de esta tríada o de alguno de esos elementos?
Lo tercero es de una evidencia concreta. No es lo mismo hablar de una concepción abstracta, léase sobre lo que se debería hacer con alguna persona o en determinada situación, a tener que dar una respuesta a una situación en particular, léase a una persona o pareja que está frente a nosotros. En este caso, las especulaciones no corresponden porque se debe, si se quiere hacer algo, procurar resolver los problemas pragmáticos, los cuales, quizás, nos inquietan moralmente. En esos casos no tenemos a la naturaleza queriendo saber nuestra opinión. Tenemos una persona que por su anatomía concibió a una criatura por decisión personal y por posibilidades concretas. Esta es la realidad que tenemos que procurar hacer frente. Luego, si se quiere avanzar se puede utilizar estas situaciones como recurso pedagógico para fomentar una educación sexual, la que debe, innegablemente apuntar a la comprensión de nuestro segundo punto y al fomento de nuestro primer punto.
La sexualidad siempre tendrá su tiempo discursivo, pero siempre se pasará sobre personas concretas que la viven, la creen, la sienten, la sufren, la gozan, la soportan, la aceptan, la rechazan, etc. Nuestra función como sociedad no es otra que procurar que esa sexualidad siempre se sostenga sobre los pilares esenciales que necesita la humanidad para evolucionar como especie: la aceptación de la diversidad, la erradicación de la violencia, la construcción de formas positivas de comunicación, la inclusión del otro, el estímulo de la felicidad y el placer y la necesidad de la solidaridad.
viernes, 04 de abril de 2008

